Una hernia discal ocurre cuando una parte del disco intervertebral que amortigua tus vértebras se desplaza y comprime una raíz nerviosa cercana, provocando dolor, hormigueo o debilidad que suele irradiarse desde la espalda hacia un brazo o una pierna. Es una de las causas más frecuentes de consulta en fisioterapia, y la noticia que casi nadie te cuenta primero es esta: la inmensa mayoría se resuelven sin pasar por quirófano.
Soy Gonzalo Brandau, fisioterapeuta con más de 20 años de experiencia tratando patología de columna en LR Fisioterapia Avanzada, en Las Rozas (Madrid). En esta guía te explico, sin tecnicismos innecesarios y sin alarmismo, qué es exactamente una hernia discal, cómo se diferencia de una protrusión, qué síntomas son habituales y cuáles requieren atención urgente, qué tratamientos funcionan de verdad y cuáles no, y qué puedes hacer hoy mismo para mejorar.
Si estás leyendo esto con dolor, lo primero: respira. Tener una hernia discal no significa cirugía automática, no significa silla de ruedas y no significa que tengas que abandonar el deporte para siempre. Significa que necesitas una valoración seria y un plan adaptado a tu caso.
Puntos clave
- Una hernia discal es la salida del núcleo del disco intervertebral a través de una grieta del anillo fibroso, que puede comprimir un nervio cercano.
- Más del 80–90 % de las hernias discales mejoran sin cirugía con tratamiento conservador bien aplicado (fisioterapia, ejercicio terapéutico y, cuando es necesario, medicación).
- La hernia discal lumbar es la más frecuente, seguida de la cervical. La torácica es muy poco habitual.
- Andar es, en general, uno de los mejores ejercicios cuando tienes hernia discal, siempre que se haga de forma progresiva y sin dolor.
- Hay síntomas graves (pérdida de control de esfínteres, anestesia en silla de montar, debilidad progresiva en una pierna o brazo) que son urgencia médica y requieren acudir a urgencias inmediatamente.
- El reposo absoluto prolongado es uno de los errores más comunes y empeora la recuperación.
¿Qué es una hernia discal?
Una hernia discal es la salida del núcleo pulposo (la parte gelatinosa interna del disco intervertebral) a través de una fisura en el anillo fibroso que lo contiene. Cuando ese material desplazado entra en contacto con una raíz nerviosa, aparece el dolor irradiado característico, además de hormigueos, pérdida de sensibilidad o debilidad muscular en la zona inervada por ese nervio.
Para entenderlo bien conviene saber cómo es tu columna. Entre cada dos vértebras hay un disco intervertebral que actúa como amortiguador. Cada disco tiene una parte exterior dura y resistente (el anillo fibroso) y un centro blando y gelatinoso (el núcleo pulposo). Cuando ese anillo se debilita o se rompe, el núcleo puede asomar o salirse por completo.
Hernia, protrusión y extrusión: no son lo mismo
En la práctica clínica veo a muchos pacientes confundidos por estos términos. Te los aclaro:
- Protrusión discal: el disco se abomba hacia fuera pero el anillo fibroso sigue intacto. Es la forma más leve.
- Hernia discal (extrusión): el núcleo atraviesa el anillo y sale al canal espinal. Es la forma «clásica» de hernia.
- Hernia secuestrada: un fragmento del núcleo se desprende completamente y queda libre en el canal. Es la forma más severa, aunque sorprendentemente no siempre la más sintomática.
La gravedad clínica no siempre se corresponde con la gravedad anatómica. He visto resonancias con hernias enormes en pacientes con dolor leve, y protrusiones pequeñas en pacientes con dolor intenso. Por eso la valoración clínica es tan importante como la imagen.
Tipos de hernia discal según su localización
Las hernias se clasifican principalmente por la zona de la columna donde aparecen. Las dos más frecuentes con diferencia son la lumbar y la cervical.
Hernia discal lumbar
La hernia discal lumbar es la más habitual, y representa la gran mayoría de los casos que vemos en consulta. Aparece en la zona baja de la espalda, casi siempre en los niveles L4-L5 o L5-S1, las dos articulaciones que soportan mayor carga mecánica.
El síntoma típico es la ciática: un dolor que nace en la zona lumbar o en el glúteo y se irradia hacia la cara posterior del muslo, la pantorrilla y, en muchos casos, hasta el pie. Suele afectar a un solo lado del cuerpo. Es habitual que empeore al sentarse, al toser, al estornudar o al hacer esfuerzo. Muchos pacientes me cuentan que sentados en el coche durante un trayecto largo es cuando peor lo notan.
Suele aparecer entre los 30 y los 50 años, una franja de edad en la que los discos ya muestran cierto desgaste pero la persona sigue siendo activa.
Hernia discal cervical
La hernia discal cervical afecta a los discos del cuello, con mayor frecuencia entre las vértebras C5-C6 y C6-C7. Es la segunda forma más habitual.
El dolor suele empezar en el cuello y bajar por el hombro hasta el brazo, el antebrazo y, en algunos casos, dedos concretos de la mano. Es habitual notar hormigueos, pérdida de fuerza al agarrar objetos o sensación de «brazo dormido» por la mañana. El dolor empeora con ciertos movimientos del cuello, sobre todo al mirar hacia arriba o al inclinar la cabeza hacia el lado afectado.
Una pista útil: si elevas el brazo y lo apoyas sobre la cabeza, muchos pacientes con hernia cervical notan alivio del dolor. Este signo, conocido como signo de Spurling inverso, orienta al diagnóstico.
Hernia discal torácica
La hernia en la zona media de la espalda es rara, porque la caja torácica estabiliza esta región y los discos torácicos están sometidos a mucha menos carga que los lumbares o cervicales. Cuando aparece, suele dar dolor en la espalda media que puede irradiarse hacia el pecho o el abdomen, lo que a veces hace que se confunda con problemas viscerales.
Síntomas de la hernia discal
Los síntomas dependen completamente del nivel de la hernia y del nervio comprimido. Pero hay patrones reconocibles según la zona.
Síntomas típicos de la hernia lumbar
- Dolor lumbar agudo, que puede aparecer de repente al levantar un objeto, agacharse o sin un desencadenante claro.
- Dolor irradiado a la pierna (ciática): recorre el glúteo, la cara posterior o lateral del muslo, la pantorrilla y, según el nivel, llega hasta el pie.
- Hormigueos o entumecimiento en zonas concretas de la pierna o el pie.
- Pérdida de fuerza: dificultad para ponerte de puntillas, caminar con los talones o levantar el pie al andar (esto último se llama «pie caído» y es un signo de afectación nerviosa importante).
- Dolor que empeora al sentarse, al toser, al estornudar o al hacer esfuerzo.
- Alivio relativo al tumbarse, sobre todo de lado con las rodillas flexionadas.
Síntomas típicos de la hernia cervical
- Dolor cervical irradiado al brazo, conocido como cervicobraquialgia.
- Hormigueo o pérdida de sensibilidad en zonas específicas del brazo, antebrazo o mano, en función del nervio afectado.
- Pérdida de fuerza en el brazo: notar que se te caen objetos, dificultad para abrir botellas o girar la llave en la cerradura.
- Dolor que empeora con movimientos del cuello, sobre todo extensión y rotación hacia el lado del dolor.
- Alivio al levantar el brazo y apoyar la mano sobre la cabeza.
Síntomas graves: cuándo acudir a urgencias
Hay una serie de síntomas que se consideran banderas rojas y son una urgencia médica real. Si presentas alguno de los siguientes, acude inmediatamente a urgencias hospitalarias, no a tu fisioterapeuta ni a tu médico de cabecera:
- Pérdida de control de esfínteres (incontinencia urinaria o fecal de aparición reciente, o retención urinaria — incapacidad para orinar aunque tengas la vejiga llena).
- Anestesia en silla de montar: pérdida de sensibilidad en la zona genital, perineal y la cara interna de los muslos (las zonas que estarían en contacto con una silla de montar).
- Debilidad progresiva y rápida en una o ambas piernas, sobre todo si afecta a varios grupos musculares.
- Pérdida de fuerza bilateral (en las dos piernas o los dos brazos a la vez).
- Fiebre asociada al dolor de espalda intenso, que puede indicar una infección.
Estos síntomas pueden indicar un síndrome de cauda equina, una compresión severa de las raíces nerviosas en la zona baja del canal espinal que requiere cirugía urgente. Es poco frecuente, pero el retraso en el diagnóstico puede dejar secuelas permanentes. No esperes, no te automediques, no busques en internet más rato del estrictamente necesario. Ve a urgencias.
¿Es bueno andar con una hernia discal?
Sí, andar es uno de los mejores aliados que tienes cuando padeces una hernia discal, siempre que se haga de forma progresiva y sin provocar un aumento significativo del dolor. Es una de las recomendaciones que más repito en consulta.
Andar tiene varios beneficios concretos en este contexto:
- Activa la musculatura profunda de la columna (transverso del abdomen, multífidos) sin sobrecargar los discos.
- Mejora la circulación en la zona afectada, lo que ayuda a reducir la inflamación local que rodea al nervio comprimido.
- Reduce la rigidez que aparece tras horas sentado o tumbado, que es justo lo que más empeora una hernia.
- Mantiene el rango de movimiento de la columna sin impacto, a diferencia de correr o saltar.
- Tiene efecto analgésico por liberación de endorfinas y por la activación del sistema nervioso central.
Cómo empezar si te duele: comienza con paseos cortos de 5–10 minutos varias veces al día, en terreno llano, con calzado cómodo. Mejor varios paseos cortos que uno largo. Si el dolor aumenta de forma clara al andar, para, descansa y prueba al día siguiente con menos tiempo.
Cuándo NO andar (o consultar antes): si tienes pérdida de fuerza progresiva en la pierna, si el dolor irradiado a la pierna empeora con cada paso de forma marcada, o si presentas alguna de las banderas rojas descritas más arriba.
El reposo absoluto prolongado (más de 2–3 días tumbado) es uno de los peores enfoques para una hernia discal. La columna está diseñada para moverse y la inmovilización prolongada debilita la musculatura estabilizadora justo cuando más la necesitas.
Causas y factores de riesgo
La causa última de una hernia discal es la combinación de desgaste discal progresivo (que ocurre con la edad de forma natural) con factores mecánicos que aumentan la presión sobre los discos. No suele haber una sola causa identificable, sino la suma de varios factores a lo largo de años.
Los principales factores de riesgo son:
- Edad: los discos pierden hidratación y elasticidad a partir de los 30–40 años.
- Sobrepeso: cada kilo extra aumenta la carga sobre los discos lumbares.
- Sedentarismo: pasar muchas horas sentado mantiene los discos bajo presión continuada y debilita la musculatura estabilizadora.
- Trabajos con cargas: levantar pesos de forma repetida, sobre todo con técnica incorrecta (con la espalda en lugar de las piernas).
- Movimientos repetidos de flexión y rotación del tronco, habituales en muchos trabajos manuales.
- Tabaquismo: reduce la oxigenación del disco y acelera su degeneración.
- Genética: existe predisposición familiar.
- Conducción frecuente y prolongada: la vibración del vehículo sumada a la postura sostenida es uno de los factores menos conocidos.
- Sedentarismo + esfuerzo puntual: la combinación clásica del «guerrero de fin de semana» que se lesiona el sábado tras una semana sin moverse.
Cómo se diagnostica una hernia discal
El diagnóstico empieza por una valoración clínica detallada: tu historia, cómo apareció el dolor, qué movimientos lo empeoran o lo alivian, y una exploración física que incluye pruebas neurológicas (reflejos, fuerza, sensibilidad), test ortopédicos (como el test de Lasègue para lumbar o Spurling para cervical) y una observación de la postura y el movimiento.
En muchos casos, la valoración clínica es suficiente para orientar el diagnóstico y empezar el tratamiento conservador. Las pruebas de imagen se solicitan cuando:
- Los síntomas son intensos o no mejoran tras varias semanas de tratamiento conservador.
- Hay banderas rojas (déficit neurológico progresivo, sospecha de cauda equina).
- Se está valorando una posible intervención quirúrgica o infiltración.
Las pruebas habituales son:
- Resonancia magnética (RM): la prueba de elección. Muestra los discos, los nervios y los tejidos blandos con gran detalle.
- TAC (tomografía computarizada): útil cuando la RM está contraindicada o para evaluar el hueso.
- Radiografía: no muestra el disco, pero permite descartar otras causas (fracturas, alteraciones óseas) y valorar el alineamiento.
- Electromiografía (EMG): mide la función del nervio y es útil cuando hay debilidad o pérdida de sensibilidad importante.
En consulta utilizamos también la ecografía musculoesquelética como complemento, no para visualizar la hernia en sí (que requiere RM), sino para guiar tratamientos invasivos con precisión y valorar partes blandas relacionadas.
Un apunte importante: muchas personas asintomáticas tienen hernias visibles en resonancia. Los estudios han demostrado de forma consistente que la presencia de una hernia en la imagen no es por sí sola un diagnóstico clínico. Lo que importa es la correlación entre la imagen y los síntomas.
Tratamiento de la hernia discal
El tratamiento de la hernia discal se aborda en escalones: empezamos por lo menos invasivo y solo subimos de escalón si no hay respuesta. Esta es la lógica que respaldan las guías clínicas internacionales y la que aplicamos en mi consulta.
Tratamiento conservador (la primera línea siempre)
En la mayoría absoluta de los casos, el tratamiento conservador es suficiente. Combina:
- Educación al paciente: entender la lesión reduce el miedo y mejora la recuperación. El catastrofismo (pensar que la hernia es algo irreversible o que vas a quedarte inválido) empeora el pronóstico.
- Modificación temporal de actividades: evitar lo que claramente provoca dolor, sin caer en reposo absoluto.
- Fisioterapia activa (lo desarrollo en el siguiente punto).
- Medicación para el dolor agudo, si es necesario, prescrita por tu médico.
Fisioterapia: lo que realmente funciona
La fisioterapia es el pilar del tratamiento conservador. Te explico las técnicas que aplicamos en LR Fisioterapia y por qué cada una tiene sentido en una hernia discal:
- Ejercicio terapéutico: es la herramienta con más evidencia científica. Programa progresivo de movilidad, fuerza del core y reeducación postural, adaptado a tu fase de recuperación. No hay tratamiento de hernia que funcione a largo plazo sin un componente activo.
- Neuromodulación percutánea: especialmente útil cuando hay dolor neurogénico (la quemazón, el hormigueo, el dolor irradiado). Aplicamos una corriente eléctrica controlada sobre el nervio afectado con guía ecográfica para modular la señal dolorosa. Donde el masaje y los antiinflamatorios no llegan, la neuromodulación sí.
- Osteopatía: evalúa el conjunto del cuerpo. A menudo, la hernia ha aparecido por una alteración mecánica en otro punto (cadera, sacro, columna torácica) que sobrecargó la zona durante años. Tratar solo la zona dolorosa sin corregir el origen es perpetuar el problema.
- Radiofrecuencia INDIBA: aplica calor profundo controlado que mejora la microcirculación, acelera la reparación tisular y reduce la inflamación local. Útil en fases subagudas para preparar el tejido antes del trabajo activo.
- Terapia manual y movilizaciones: técnicas específicas para liberar la tensión muscular protectora que aparece de forma refleja alrededor de la hernia.
- Punción seca: indicada cuando hay puntos gatillo activos en la musculatura paravertebral, glútea o cervical que mantienen el dolor.
La combinación correcta y el orden de aplicación dependen totalmente de la fase en la que esté el paciente. En fase aguda priorizamos el control del dolor; en fase subaguda, la recuperación de movilidad; en fase de mantenimiento, la fuerza y la prevención de recaídas.
Medicación
La medicación se utiliza como apoyo puntual, no como tratamiento de fondo. Las opciones habituales prescritas por tu médico incluyen antiinflamatorios no esteroideos, analgésicos, relajantes musculares y, en algunos casos, neuromoduladores cuando el componente neurogénico es importante. Siempre bajo prescripción médica y por periodos limitados.
Infiltraciones epidurales
Cuando el dolor radicular es muy intenso y limita gravemente la vida del paciente, se pueden plantear infiltraciones epidurales con corticoides. Reducen la inflamación alrededor de la raíz nerviosa y pueden dar una ventana de alivio que permita avanzar con la rehabilitación. No solucionan la causa, pero pueden ser un puente útil hacia el tratamiento activo.
Cirugía: ¿cuándo es realmente necesaria?
Esta es la pregunta que más me hacen y la respuesta honesta es: menos veces de lo que la gente piensa. La cirugía de hernia discal está claramente indicada cuando:
- Hay un déficit neurológico progresivo (la fuerza o la sensibilidad están empeorando con el tiempo).
- Existe un síndrome de cauda equina (urgencia quirúrgica).
- El dolor incapacitante persiste tras un tratamiento conservador bien aplicado durante 6–12 semanas (este plazo varía según el caso).
Cuando está bien indicada, la cirugía (habitualmente una microdiscectomía) tiene tasas de éxito altas, en torno al 85–90 % según las series publicadas. Pero «bien indicada» es la clave. Operar una hernia sin agotar el tratamiento conservador es operar de más.
Si te han recomendado cirugía y tienes dudas, una segunda opinión médica es siempre razonable. Y si te han operado, la rehabilitación post-quirúrgica bien planificada es lo que marca la diferencia entre una recuperación completa y una crónica.
Ejercicios para hernia discal: qué hacer y qué evitar
Cada caso requiere un programa personalizado, pero hay principios generales que aplican a casi todos.
Lo que NO debes hacer en fase aguda
- Sentadillas con carga, peso muerto y prensa de piernas mientras haya dolor irradiado a la pierna o al brazo.
- Abdominales clásicos (crunch): el componente de flexión repetida de la columna lumbar aumenta la presión sobre los discos.
- Yoga o pilates avanzado con posturas de flexión profunda o torsiones intensas, hasta tener autorización.
- Correr durante las primeras semanas si te genera dolor irradiado.
- Levantar peso con la espalda flexionada y los pies juntos, en cualquier momento de tu vida.
Lo que sí puedes empezar a hacer (con criterio)
- Andar a ritmo cómodo, todos los días, sumando minutos progresivamente.
- Movilidad de columna en posiciones descargadas: gato-camello, basculaciones pélvicas suaves en el suelo.
- Activación del transverso del abdomen: ejercicios de control motor que enseñan a tu zona profunda a estabilizar la columna.
- Estiramientos suaves de cadena posterior (isquiotibiales, glúteo, piramidal), respetando el dolor.
- Trabajo de respiración diafragmática: infravalorado, pero clave para reducir la tensión muscular global.
Estos ejercicios parecen simples, pero ejecutados con precisión son potentes. La diferencia entre que funcionen o no está en el detalle técnico, que es donde un fisioterapeuta marca la diferencia.
Volver al deporte
La vuelta al deporte tras una hernia discal es perfectamente posible en la mayoría de los casos, incluido el deporte de fuerza, pero requiere un proceso de readaptación deportiva bien planificado: recuperación de movilidad, base de fuerza, técnica correcta y vuelta progresiva al gesto deportivo. Saltarse fases es la receta clásica para una recaída.
Vivir con hernia discal: trabajo, sueño y día a día
La mejora real no llega solo en la camilla. Llega en lo que haces las otras 23 horas del día.
Cómo dormir: la mejor postura suele ser de lado en posición fetal con una almohada entre las rodillas para alinear pelvis y columna. Si duermes boca arriba, pon una almohada debajo de las rodillas para reducir la tensión lumbar. Evita boca abajo durante la fase aguda: obliga al cuello a girar y aumenta la lordosis lumbar.
Cómo sentarte: alterna posturas, levántate cada 30–45 minutos, usa una silla que respete tu curva lumbar y mantén los pies apoyados. Si trabajas con ordenador, la pantalla debe estar a la altura de los ojos. Un escritorio regulable en altura para alternar sentado y de pie es una de las mejores inversiones para una espalda sana.
Cómo levantar peso: flexiona las rodillas, mantén la espalda neutra (no encorvada), pega la carga al cuerpo y empuja con las piernas. La técnica correcta no es opcional para una espalda con hernia.
Cómo conducir: ajusta el asiento para que tus rodillas queden ligeramente más bajas que las caderas, el respaldo casi vertical, y haz paradas cada 1,5–2 horas para estirarte y andar. La vibración mantenida del coche es uno de los factores de riesgo menos reconocidos.
Estrés y sueño: el dolor crónico se modula desde el sistema nervioso central. Dormir mal y vivir bajo estrés sostenido amplifica la percepción del dolor. Trabajar el sueño y la gestión del estrés no es una recomendación de wellness, es parte del tratamiento.
Tiempo de recuperación: ¿cuánto tarda?
La respuesta honesta: depende del caso, y cualquier número exacto que te dé alguien sin haberte explorado es marketing, no medicina. Pero hay rangos orientativos basados en lo que dice la literatura y la experiencia clínica.
- Fase aguda intensa (dolor severo, dificultad para moverte): suele durar entre 1 y 4 semanas con tratamiento conservador adecuado.
- Mejora significativa del dolor irradiado: entre 6 y 12 semanas en la mayoría de los casos.
- Recuperación funcional completa (vuelta a actividades normales sin restricciones): entre 3 y 6 meses.
- Vuelta al deporte de alta intensidad: entre 4 y 9 meses, según el deporte y el caso.
Esto no es una carrera. Los pacientes que respetan los plazos biológicos y trabajan de forma constante y progresiva son los que se recuperan mejor y los que tienen menos recaídas a largo plazo.
Preguntas frecuentes sobre la hernia discal
¿Una hernia discal se cura sola?
No se cura en el sentido literal de «desaparecer», pero en muchos casos el organismo reabsorbe parcial o totalmente el material herniado con el tiempo. Lo más importante es que los síntomas pueden desaparecer por completo aunque la imagen muestre todavía una hernia residual. La meta clínica es vivir sin dolor y con función completa, no que la resonancia quede perfecta.
¿Es bueno andar con hernia discal?
Sí. Andar es una de las mejores actividades cuando tienes una hernia, siempre que se haga de forma progresiva y sin provocar un aumento marcado del dolor. Comienza con paseos cortos varias veces al día y ve sumando minutos según tolerancia.
¿Puedo hacer pesas si tengo hernia discal?
Sí, una vez superada la fase aguda y con técnica supervisada. El entrenamiento de fuerza bien ejecutado es protector para la columna. Lo que hay que evitar es la fase aguda, las cargas máximas mientras hay síntomas neurológicos y la mala técnica.
¿La hernia discal se opera siempre?
No. Menos del 10–15 % de las hernias discales requieren cirugía. La gran mayoría se resuelven con tratamiento conservador.
¿Cuánto tarda en quitarse el dolor de una hernia discal?
La mayoría de los pacientes nota una mejora significativa del dolor irradiado entre las 6 y las 12 semanas de tratamiento conservador. Hay casos más rápidos y otros más lentos, y depende del tamaño de la hernia, el nivel afectado, la edad y la respuesta individual al tratamiento.
¿Qué pasa si no me trato una hernia discal?
En muchos casos, los síntomas mejoran con el tiempo aunque no hagas nada activo. Pero no tratarse aumenta el riesgo de cronificación, de pérdida de fuerza permanente si la compresión nerviosa persiste, y de adoptar patrones de movimiento compensatorios que generan nuevos problemas. El tratamiento activo acelera la recuperación y reduce el riesgo de recaída.
¿Puedo prevenir una hernia discal?
No al 100 %, porque hay factores genéticos y de envejecimiento natural. Pero puedes reducir el riesgo de forma significativa: mantener una musculatura central fuerte, conservar un peso saludable, evitar el tabaco, cuidar la técnica al levantar peso, romper el sedentarismo y entrenar fuerza de forma regular y bien guiada.
¿La hernia cervical es más grave que la lumbar?
Ni más ni menos: son distintas. Las cervicales tienen el riesgo añadido de comprometer estructuras más sensibles cuando son grandes, pero la mayoría se resuelve también con tratamiento conservador.
En resumen
Una hernia discal es una lesión seria, pero no es una sentencia. La gran mayoría se resuelven sin cirugía con un tratamiento conservador bien aplicado: fisioterapia activa, ejercicio terapéutico progresivo, las técnicas adecuadas para cada fase y, sobre todo, paciencia y constancia.
Si convives con dolor irradiado, hormigueos o pérdida de fuerza desde hace semanas, no lo dejes pasar. Una valoración a tiempo cambia el pronóstico. En LR Fisioterapia trabajamos cada caso de forma individual, con la combinación de técnicas más adecuada para tu fase y tu objetivo.
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Y si has detectado alguno de los síntomas graves que he descrito (pérdida de control de esfínteres, anestesia en silla de montar, debilidad progresiva en una pierna o brazo), no esperes a leer más artículos: acude a urgencias.
Sobre el autor
Gonzalo Brandau es fisioterapeuta con más de 20 años de experiencia y cofundador de LR Fisioterapia Avanzada, clínica especializada en Las Rozas de Madrid. Especialista en técnicas invasivas ecoguiadas, ecoanatomía y fisioterapia deportiva. Conoce al equipo →
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario. Ante síntomas neurológicos progresivos o pérdida de control de esfínteres, acude a urgencias.