La fascitis plantar es la degeneración dolorosa de la fascia plantar, la banda de tejido que une el talón con la base de los dedos y que sostiene el arco del pie. Duele de forma punzante en la parte interna del talón, sobre todo al dar los primeros pasos por la mañana o tras estar sentado mucho tiempo. Afecta hasta al 10% de la población adulta a lo largo de su vida y es la causa más frecuente de dolor de talón en consulta.
La buena noticia: la gran mayoría de los casos se resuelven sin cirugía con un tratamiento bien dirigido. La menos buena: si se trata como una simple inflamación, es habitual que recaiga. En este artículo te explicamos, desde nuestra experiencia como fisioterapeutas especializados en fisioterapia deportiva e invasiva, cómo reconocerla, por qué duele justo donde duele, qué funciona de verdad en 2026 y cuándo conviene pedir cita con un profesional.
Contenido revisado por Gonzalo Brandau Hevia (colegiado 7464) y Adolfo Esteban (colegiado 6231), fisioterapeutas con más de 20 años de experiencia clínica y cofundadores de LR Fisioterapia Avanzada en Las Rozas de Madrid.
En resumen (TL;DR)
- Qué es: degeneración de la fascia plantar (más que una simple inflamación), de ahí que muchos expertos prefieran el término fasciosis plantar.
- Dónde duele: parte interna del talón, a veces irradiando al arco del pie.
- Síntoma clave: dolor agudo al dar los primeros pasos tras estar en reposo.
- Duración típica: entre 6 y 18 meses sin tratamiento adecuado; bien tratada, mejora sustancialmente en 6–12 semanas.
- Tratamiento de primera línea: fisioterapia (terapia manual, INDIBA, punción seca, EPI en casos crónicos) + ejercicio terapéutico + corrección biomecánica.
- Cirugía: necesaria en menos del 10% de los casos.
¿Qué es la fascitis plantar? (Y por qué el término correcto suele ser «fasciosis»)
La fascitis plantar es una lesión por sobreuso de la fascia plantar, una banda gruesa de tejido fibroso que se extiende desde el hueso del talón (calcáneo) hasta la base de los dedos y que funciona como el sostén del arco del pie. Clásicamente se entendía como una inflamación, pero la evidencia actual muestra que, en la mayoría de los pacientes crónicos, lo que hay es una degeneración del tejido con microrroturas y cambios estructurales, más que una inflamación activa.
Por eso en el ámbito clínico se habla cada vez más de fasciosis o fasciopatía plantar. No es una cuestión semántica: cambia radicalmente el tratamiento. Si el problema fuera solo inflamación, bastaría con antiinflamatorios y reposo. Pero si lo que hay es un tejido que se ha degenerado, necesitamos estimularlo para que se regenere, no apagarlo.
La fascia plantar como «cuerda de un arco»
Imagina un arco de flechas: los huesos del pie forman los brazos y la fascia plantar es la cuerda. Al apoyar el pie, la fascia se estira y amortigua el impacto; al despegar, se retrae y ayuda a propulsarte. Cada paso que das somete a la fascia a una tensión considerable, y cuando esa tensión supera la capacidad del tejido para repararse (por volumen de carga, sobrepeso, calzado inadecuado o un gemelo muy acortado), aparece el dolor.
Por qué es tan frecuente
Hasta el 10% de la población adulta desarrollará fascitis plantar en algún momento de su vida, y en corredores ese porcentaje es similar dentro de su actividad deportiva. Es la causa más frecuente de talalgia (dolor en el talón) en adultos de entre 40 y 60 años, aunque aparece a cualquier edad cuando hay sobrecarga mantenida.
Fascitis plantar: dónde duele exactamente (y qué NO es fascitis)
El dolor de la fascitis plantar se localiza de forma muy característica: en la parte interna e inferior del talón, justo en el punto donde la fascia se inserta en el hueso calcáneo. Es un dolor punzante, a punta de dedo, que a veces irradia hacia adelante por el centro del arco plantar. Esta localización es clave, porque muchas «fascitis» que llegan a consulta resultan ser otra cosa al explorarlas con detalle.
Dolor típico de fascitis plantar
El paciente describe un dolor agudo, como un pinchazo, al apoyar el pie tras un rato sin usarlo. Es clásico del primer paso por la mañana al bajar de la cama, y también aparece al ponerse de pie después de estar sentado. Conforme caminas, la fascia «calienta» y el dolor cede, pero vuelve tras la siguiente pausa prolongada.
En deportistas el patrón es algo distinto: el dolor va disminuyendo durante la carrera, pero reaparece con fuerza horas después, ya en frío, una vez terminado el entrenamiento. Este patrón de «dolor en frío» es muy sugestivo de fasciosis.
Las «falsas fascitis»: 4 diagnósticos que se confunden
Se estima que hasta un 20% de los casos etiquetados como fascitis plantar son en realidad otra patología. Diferenciar es esencial porque el tratamiento cambia por completo. Estas son las cuatro confusiones más habituales:
| Patología | Dónde duele | Pista diferencial |
|---|---|---|
| Fascitis plantar | Cara interna e inferior del talón | Primer paso matinal, mejora al caminar |
| Atrofia de la almohadilla grasa | Centro del talón (plantar) | Dolor profundo, empeora al caminar y al estar de pie |
| Neuropatía de Baxter | Zona más interna del talón, con irradiación | Calambre, acorchamiento, hormigueo |
| Síndrome del túnel tarsiano | Detrás del maléolo interno, irradia a planta | Dolor más proximal, signo de Tinel positivo |
| Edema óseo / fractura de estrés | Difuso en todo el talón | Dolor al presionar ambos lados del calcáneo |
Este es uno de los motivos por los que, en nuestra clínica, toda fascitis plantar que no responde al tratamiento inicial se valora con ecografía musculoesquelética: permite ver en tiempo real el grosor de la fascia, detectar microcalcificaciones y descartar un atrapamiento nervioso o una patología asociada. Tratar sin ver es adivinar.
Síntomas de la fascitis plantar: cómo reconocerla
Los síntomas de la fascitis plantar son bastante reconocibles cuando se presentan juntos: dolor punzante en la parte interna del talón, peor al primer paso tras el reposo y con tendencia a ceder al caminar un poco. A esto pueden sumarse rigidez en el arco del pie y sensibilidad a la presión directa sobre el punto de inserción de la fascia en el calcáneo.
Síntoma cardinal: el primer paso
El síntoma que mejor identifica la fascitis plantar es el dolor intenso al poner el pie en el suelo por la mañana. Durante la noche, la fascia se acorta en reposo; al cargar peso de golpe, el tejido se estira bruscamente y duele. Tras unos minutos caminando, el tejido se adapta y el dolor disminuye, pero vuelve a aparecer con cada reposo prolongado a lo largo del día.
Otros síntomas habituales
- Dolor al estar de pie mucho tiempo, sobre todo sobre superficies duras.
- Rigidez en la planta y en la pantorrilla al despertar.
- Aumento del dolor al subir escaleras o al ponerse de puntillas.
- Sensibilidad a la palpación en un punto concreto del talón interno.
Patrón en deportistas
En corredores, bailarines y deportes de impacto, el dolor suele atenuarse durante la actividad conforme la fascia calienta, para reaparecer con más intensidad horas después, ya en frío. Si entrenas y al día siguiente te cuesta apoyar el pie, es una señal a no ignorar.
Señales de alarma: cuándo no es solo una fascitis
Conviene descartar otras causas si aparece alguno de estos signos:
- Dolor bilateral simultáneo sin causa mecánica clara (puede apuntar a una patología reumática).
- Hormigueo, acorchamiento o calambres (sugiere atrapamiento nervioso).
- Dolor nocturno que te despierta.
- Enrojecimiento, calor o hinchazón marcada del talón.
- Dolor que empeora progresivamente pese al tratamiento.
Causas y factores de riesgo: por qué aparece la fascitis plantar
La fascitis plantar aparece cuando la carga que recibe la fascia supera durante un tiempo prolongado su capacidad de reparación. No suele haber una única causa, sino una combinación de factores mecánicos, biomecánicos y, en una minoría de casos, inflamatorios sistémicos. Identificarlos es la base del tratamiento: si no se corrigen, las recaídas son casi inevitables.
Causas mecánicas (las más frecuentes)
- Exceso de carga repentino: aumentar el kilometraje de carrera, empezar un trabajo que implica estar muchas horas de pie, sumar entrenamientos sin progresión.
- Sobrepeso y obesidad: cada kilo de más incrementa la presión sobre la fascia en cada paso.
- Alteraciones biomecánicas: pies planos, pies cavos, pronación excesiva o retropié valgo/varo tensionan la fascia de forma asimétrica.
- Acortamiento del tríceps sural: un gemelo o sóleo rígido limita la dorsiflexión del tobillo y sobrecarga la fascia.
- Calzado inadecuado: suelas demasiado planas, zapatillas sin amortiguación o excesivamente desgastadas.
- Superficies duras: correr sobre asfalto, trabajar sobre cemento, caminar descalzo sobre suelos duros.
Causas inflamatorio-reumáticas
En una minoría de pacientes, la fascitis plantar es la primera manifestación de una enfermedad reumática sistémica: espondilitis anquilosante, artritis reumatoide, artritis psoriásica o asociada a enfermedades intestinales. La pista es una fascitis bilateral que no mejora con ningún tratamiento, sobre todo en personas jóvenes. En estos casos el abordaje requiere coordinación con reumatología.
Factores específicos en corredores
En el corredor popular, los desencadenantes más habituales son aumentar el volumen semanal más de un 10%, cambiar a zapatillas minimalistas sin adaptación progresiva, sumar series en cuesta o pista sin trabajo de fuerza previo, y correr con gemelos crónicamente acortados. La valoración del gesto deportivo y la cadena posterior es determinante para evitar que el problema cronifique.
Fascitis plantar tratamiento: qué funciona (y qué no) en 2026
El tratamiento de la fascitis plantar es escalonado y multimodal: empieza por controlar el dolor y la carga, continúa con técnicas que estimulan la reparación tisular y termina corrigiendo la causa biomecánica que originó el problema. Con un abordaje bien dirigido, más del 90% de los pacientes mejoran sustancialmente en 6–12 semanas y no necesitan cirugía.
El error más habitual es tratar la fascitis como una inflamación simple: reposo, hielo y antiinflamatorios durante semanas. Esto alivia al principio, pero no regenera la fascia degenerada ni corrige el patrón que provocó la lesión. Por eso recaen tantos pacientes.
Fase aguda (0–2 semanas): controlar el dolor y proteger la fascia
El objetivo en esta fase es bajar el dolor lo suficiente para poder trabajar activamente en la reparación. Aquí funcionan bien:
- Modificación de la carga: reducir (no suspender) la actividad que provoca dolor. En corredores, bajar volumen y cambiar superficies.
- Hielo tras la actividad: 10–15 minutos, idealmente rodando una botella congelada bajo el pie.
- Terapia manual para liberar tensión en la fascia y en la cadena posterior (gemelo, sóleo, isquios).
- Radiofrecuencia INDIBA: calor terapéutico profundo que acelera la fase de reparación y reduce el dolor en 2–3 sesiones.
- Estiramientos suaves de fascia y pantorrilla (ver la sección de ejercicios).
- Taloneras de silicona temporales, si el dolor al caminar es muy intenso.
Fase subaguda (2–8 semanas): reparación tisular
Con el dolor bajo control, el foco pasa a estimular la curación del tejido y a corregir los factores que lo sobrecargaron. En esta fase incorporamos:
- Punción seca ecoguiada en gemelo y sóleo para desactivar puntos gatillo que mantienen la fascia bajo tensión.
- Ejercicio terapéutico progresivo: estiramientos específicos, fortalecimiento de la musculatura intrínseca del pie y trabajo excéntrico del tríceps sural.
- Movilización articular del tobillo para recuperar dorsiflexión.
- Reeducación del patrón de marcha o carrera según el hallazgo biomecánico.
Fase crónica (más de 8 semanas): regenerar la fasciosis
Si el problema lleva meses o el tratamiento conservador no avanza, estamos ante una fasciosis establecida: tejido degenerado con engrosamiento de la fascia (típicamente más de 4 mm en ecografía). Aquí las técnicas invasivas marcan la diferencia:
- EPI (Electrólisis Percutánea) ecoguiada: aplica corriente galvánica directamente sobre la fascia degenerada para reactivar la respuesta biológica de reparación. Es, con diferencia, la técnica con más evidencia para fasciosis crónica.
- Neuromodulación percutánea: indicada cuando hay un componente neural (sospecha de Baxter o sensibilización central del dolor).
- Ondas de choque extracorpóreas: alternativa válida con buena evidencia en fasciosis crónica resistente.
Cronograma realista de recuperación
| Fase | Duración típica | Objetivo | Hito de progresión |
|---|---|---|---|
| Aguda | 0–2 semanas | Bajar dolor al 50% | Caminar sin cojera |
| Subaguda | 2–8 semanas | Reparar tejido y recuperar función | Actividades diarias sin dolor |
| Readaptación | 8–16 semanas | Reintroducir carga deportiva | Vuelta progresiva al deporte |
| Prevención | Continuo | Evitar recaídas | Mantenimiento del ejercicio |
Qué NO funciona (o tiene evidencia limitada)
- Reposo absoluto prolongado: la fascia necesita carga controlada para regenerarse.
- Infiltraciones repetidas de corticoides: ofrecen alivio corto, pero aplicadas varias veces debilitan la fascia y aumentan el riesgo de rotura.
- Antiinflamatorios de forma crónica: no regeneran tejido degenerado.
- Plantillas estándar sin estudio biomecánico: pueden ayudar o empeorar el problema, según la pisada.
- «Aguantar» y seguir entrenando igual: casi siempre cronifica el cuadro.
Ejercicios para la fascitis plantar: guía paso a paso
Los ejercicios para la fascitis plantar son, probablemente, la herramienta con mayor evidencia científica a largo plazo. Bien seleccionados y dosificados, reducen el dolor, mejoran la función y disminuyen el riesgo de recaída. Estos son los cinco ejercicios que más utilizamos en clínica, con la dosificación recomendada.
Recomendación: antes de empezar una rutina, conviene que un fisioterapeuta valore tu caso y ajuste la progresión. Lo que sigue es una guía general, no una prescripción individual.
1. Estiramiento específico de la fascia plantar (protocolo DiGiovanni)
Es el ejercicio con mejor evidencia para fascitis plantar. Se realiza sentado, cruzando el pie afectado sobre la rodilla contraria. Con una mano, tira de los dedos del pie hacia atrás (hacia la tibia) hasta notar un estiramiento firme en la planta. Con la otra mano puedes masajear la fascia para notar cómo está tensa.
- Mantén: 10 segundos.
- Repeticiones: 10 por serie.
- Series: 3 al día, siempre antes de levantarte y antes de cargar peso tras un reposo prolongado.
2. Estiramiento de gemelo y sóleo en escalón
Sitúate con el antepié en el borde de un escalón y deja caer el talón hacia abajo. Para el gemelo, mantén la rodilla extendida; para el sóleo, flexiona ligeramente la rodilla. Notarás el estiramiento en la pantorrilla.
- Mantén: 30 segundos.
- Repeticiones: 3 por pierna, alternando rodilla recta y flexionada.
- Frecuencia: 2 veces al día.
3. Rodillo con pelota o botella congelada
Sentado, rueda el arco del pie sobre una pelota de tenis, una pelota específica de masaje o una botella pequeña congelada. La botella congelada suma el efecto analgésico del frío, útil tras actividad o por la noche.
- Duración: 3–5 minutos por pie.
- Frecuencia: 2 veces al día, sobre todo después de caminar o correr.
- Intensidad: presión firme pero tolerable, nunca dolor agudo.
4. Fortalecimiento de la musculatura intrínseca del pie
La fascia no trabaja sola: los pequeños músculos del pie son su aliado principal. Dos ejercicios básicos:
- «Short foot» o pie corto: sentado, con el pie apoyado, intenta acortar el pie llevando la base de los dedos hacia el talón sin flexionar los dedos. Mantén 5 segundos, 10 repeticiones, 3 series al día.
- Agarre de toalla: extiende una toalla en el suelo e intenta arrastrarla hacia ti usando solo los dedos del pie. 2 minutos por pie, 1 vez al día.
5. Fortalecimiento excéntrico del tríceps sural (protocolo Rathleff)
Este es el ejercicio más potente cuando el dolor ya ha bajado. En un escalón, súbete de puntillas con ambos pies. Pasa todo el peso al pie afectado, coloca una toalla enrollada bajo los dedos para ganar rango, y baja lentamente el talón por debajo del escalón contando 3 segundos.
- Bajada: 3 segundos, controlada.
- Series/repeticiones: 3 series de 12, progresando hasta 3 series de 8 con carga adicional (mochila con peso) cuando se tolera bien.
- Frecuencia: en días alternos (nunca diariamente, para permitir adaptación).
Este protocolo está diseñado para días alternos porque el ejercicio excéntrico genera micro-adaptaciones que necesitan 48 horas para consolidarse. Si lo haces a diario puedes empeorar el dolor.
Qué NO hacer durante la recuperación
- Seguir corriendo ignorando el dolor («ya se pasará»).
- Caminar descalzo sobre suelos duros en casa.
- Cambiar bruscamente a zapatillas minimalistas o totalmente planas.
- Estirar con dolor agudo en fase inflamatoria.
- Aumentar carga antes de que el dolor matinal haya desaparecido al menos 2 semanas.
Si quieres una pauta adaptada a tu caso, en LR Fisioterapia diseñamos planes de ejercicio terapéutico personalizados que se integran con el tratamiento manual durante la recuperación.
Cuándo acudir a un fisioterapeuta por fascitis plantar
Si el dolor de talón lleva más de dos semanas sin mejorar, te obliga a cojear o te despierta por la noche, es momento de pedir una valoración profesional. Cuanto antes se identifique la causa real, más corto y sencillo suele ser el tratamiento, y menor el riesgo de que el problema cronifique.
Criterios para pedir cita
- Dolor de talón que no mejora tras 2 semanas de auto-cuidado (hielo, estiramientos, modificación de actividad).
- Dolor que te obliga a modificar tu forma de caminar.
- Despertar nocturno por el dolor.
- Dolor que empeora progresivamente semana a semana.
- Dolor bilateral sin causa mecánica clara.
- Síntomas neurológicos: hormigueo, calambre o acorchamiento.
- Corredores o deportistas que no pueden entrenar con normalidad.
Qué esperar en la primera valoración
En nuestra clínica, la primera sesión dura 60 minutos e incluye:
- Anamnesis detallada: historia del dolor, actividad física, calzado, trabajo, antecedentes médicos.
- Exploración física: palpación del punto doloroso, valoración de la movilidad del tobillo, test de Windlass, exploración de la cadena posterior y del patrón de marcha.
- Ecografía musculoesquelética si es necesaria para medir el grosor de la fascia, descartar desgarros o cambios degenerativos y diferenciar de otras patologías del talón.
- Diagnóstico diferencial: descartar Baxter, túnel tarsiano, atrofia grasa o fractura de estrés.
- Primer tratamiento orientado a bajar el dolor.
- Plan personalizado: número de sesiones estimado, técnicas previstas, ejercicios para casa y criterios de progresión.
No aplicamos protocolos genéricos: cada fascitis plantar se aborda según su fase, su causa biomecánica y las características del paciente. La misma «fascitis» en una persona sedentaria con sobrepeso y en un corredor de 60 kilómetros semanales requiere dos tratamientos distintos.
Prevención y recaídas: cómo evitar que la fascitis plantar vuelva
La fascitis plantar tiene una tasa de recaída alta cuando no se corrigen los factores que la provocaron. Prevenir es, en esencia, trabajar sobre la causa: la carga, la biomecánica, el calzado y la elasticidad de la cadena posterior. Un paciente que ha pasado por una fascitis debe incorporar a su rutina unos mínimos de mantenimiento.
Calzado adecuado
Busca zapatillas con buen soporte del arco, amortiguación suficiente en el talón y una suela que no se flexione con facilidad por la mitad del pie. Para trabajo de pie, prioriza calzado con contrafuerte firme y plantilla de cierta densidad. Evita estar muchas horas descalzo en casa si tienes antecedentes, especialmente sobre suelos duros.
Trabajo continuo de la cadena posterior
Un gemelo y un sóleo flexibles son el mejor seguro contra las recaídas. Mantén los estiramientos del tríceps sural como rutina diaria, aunque ya no tengas dolor. Dedica también dos o tres sesiones semanales al fortalecimiento excéntrico una vez recuperado.
Gestión de la carga en corredores
La regla del 10% sigue siendo una buena referencia: no aumentes el volumen semanal total más de ese porcentaje de una semana a la siguiente. Introduce los cambios de calzado (sobre todo hacia minimalismo), superficie o intensidad de forma progresiva, nunca de golpe. Si notas molestias en el talón tras un entrenamiento, reduce carga los siguientes dos o tres días antes de volver a la normalidad.
Mantenimiento con ejercicio terapéutico
Los pacientes que mantienen la rutina de fortalecimiento de la musculatura intrínseca y del tríceps sural tras el alta recaen mucho menos que los que la abandonan al desaparecer el dolor. Una rutina breve (10–15 minutos) dos o tres veces por semana es suficiente para mantener las adaptaciones conseguidas.
Preguntas frecuentes sobre la fascitis plantar
¿Cuánto tarda en curarse una fascitis plantar?
Con tratamiento adecuado, la mayoría de los pacientes experimenta una mejoría significativa en 6–12 semanas, aunque la recuperación completa del tejido puede extenderse hasta 3–6 meses. Sin tratamiento, los episodios de fascitis plantar pueden prolongarse entre 6 y 18 meses, con tendencia a cronificarse.
¿Puedo correr con fascitis plantar?
En fase aguda con dolor intenso, no. Cuando el dolor al primer paso matinal baja y puedes caminar con normalidad, se puede reintroducir carrera muy progresivamente: primero caminata rápida, después trote suave en superficies blandas y, por último, retomar el plan habitual. Correr ignorando el dolor suele cronificar el problema.
¿El espolón calcáneo es lo mismo que la fascitis plantar?
No. El espolón calcáneo es una calcificación en el punto de inserción de la fascia que aparece en radiografía, pero no es la causa del dolor: solo el 5% de las personas con espolón tienen dolor, y mucha gente con fascitis plantar no tiene espolón. El espolón es una consecuencia, no el problema a tratar. Por eso casi nunca se opera.
¿Sirven las plantillas para la fascitis plantar?
Las taloneras blandas de silicona pueden aliviar el dolor en fase aguda. Las plantillas a medida, basadas en un estudio biomecánico de la pisada, son útiles en pacientes con alteraciones estructurales claras (pie plano, cavo, pronación marcada) que hay que corregir. Las plantillas genéricas de farmacia son una lotería: a veces ayudan, a veces empeoran el cuadro.
¿Es efectivo el hielo en la fascitis plantar?
El hielo ayuda a reducir el dolor en fase aguda y tras la actividad, pero no cura la fasciosis por sí solo. Es una herramienta para gestionar síntomas, no un tratamiento. La forma más práctica es rodar una botella pequeña congelada bajo el arco del pie 10–15 minutos después de caminar o entrenar.
¿Las ondas de choque funcionan para la fascitis plantar?
Sí, las ondas de choque extracorpóreas tienen evidencia sólida en fasciosis plantar crónica (más de 3 meses de evolución) que no responde al tratamiento conservador inicial. Suelen requerir entre 3 y 5 sesiones y funcionan bien combinadas con ejercicio terapéutico.
¿Cuántas sesiones de fisioterapia necesito?
Depende de la fase y la cronicidad. Una fascitis reciente y bien diagnosticada suele responder en 4–8 sesiones combinadas con trabajo en casa. Una fasciosis crónica con degeneración establecida puede requerir entre 8 y 15 sesiones, incluyendo técnicas como EPI ecoguiada. En la primera valoración te damos una estimación concreta para tu caso.
¿Hay que operar una fascitis plantar?
No, salvo en casos muy excepcionales. Menos del 10% de los pacientes con fascitis plantar necesitan cirugía, y solo después de haber agotado al menos 6–12 meses de tratamiento conservador bien dirigido. La inmensa mayoría se resuelve sin quirófano.
Conclusión: la fascitis plantar se cura, pero requiere un plan
La fascitis plantar es una lesión muy frecuente y, en la inmensa mayoría de los casos, resoluble sin cirugía. La clave está en diagnosticarla bien (descartando las «falsas fascitis»), tratarla en la fase correcta con las técnicas adecuadas, y corregir la causa biomecánica para que no vuelva. Tratarla como una simple inflamación es el camino más corto hacia la cronicidad.
Si llevas más de dos semanas con dolor en el talón o notas que tus entrenamientos se están viendo afectados, no esperes a que empeore: una valoración temprana marca una diferencia enorme en el tiempo de recuperación. En LR Fisioterapia Avanzada en Las Rozas combinamos valoración detallada, ecografía y un abanico completo de técnicas (INDIBA, punción seca ecoguiada, EPI, neuromodulación y ejercicio terapéutico) para devolverte a tu actividad cuanto antes.
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